Estoicismo

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La segunda sesión del Taller de Pensamiento Filosófico leemos un texto de Epicteto.

El texto ya contiene muchas preguntas pero los participantes formulan algunas más:

  • ¿Somos responsables de nuestros deseos e impulsos?
  • ¿Estamos libres de impedimentos cuando lo que queremos depende de otros?
  • ¿Somos libres en lo que depende de nosotros?
  • ¿Qué capacidad tenemos sobre nuestro destino?
  • ¿Alguien puede hacerte sentir que quieres algo que no quieres?
  • ¿Querer lo que quiero depende de mí?
  • ¿Cómo podemos aprender a manejar los impulsos?
  • ¿Cómo podemos distinguir entre la verdad y la mentira?
  • ¿Hasta qué punto somos influenciables?
  • ¿Podemos tener emociones e impulsos libremente o estamos siempre condicionados?

Dialogamos sobre estas preguntas y algunas de las que plantea el propio texto. Hablamos de la necesidad, la voluntad y el deseo, de la libertad y el destino, la felicidad, el apego a las creencias y pensamientos, la aceptación y el conformismo, la frustración y la esperanza.

Para saber un poco más sobre el Estoicismo Azucena ha elaborado este resumen:

La escuela estoica fue fundada en el 300 a.C. por Zenón de Citio, que enseñaba en un pórtico (stoa en griego) y de ahí vendría el nombre de la escuela. Como el epicureísmo, también tendrá enorme repercusión en el mundo romano y en autores modernos como Descartes, Leibniz y Spinoza. Varios emperadores romanos fueron estoicos; en general, conocemos mejor el estoicismo romano que el griego, dado que nos han llegado más obras de estos últimos autores, entre los que destacan Séneca, Marco Aurelio y Epicteto.

La Metafísica estoica

Principales elementos metafísicos en los que se basa la ética estoica:

1) El cosmos está gobernado por una inteligencia superior y buena (Logos). Por eso hay un orden racional en la naturaleza. El universo responde a un orden y cohesión interna perfectos. No hay vacío, azar, defectos. Su concepción religiosa es el panteísmo Dios es no sólo una parte perfecta y separada de la realidad, sino toda ella.

2) Como consecuencia de lo anterior, creen en el destino o providencia divina. Toda injusticia o desgracia oculta una intención desconocida que viene de un orden superior de la realidad. Séneca decía que el destino ha ordenado toda nuestra vida, por eso hay que soportarlo todo con coraje.

3) El ser humano es algo especial en la naturaleza. El Dios nos ha dado razón y libertad para alcanzar la felicidad. Nuestra felicidad depende de nuestros pensamientos sobre los que apoyamos nuestras acciones y elecciones.

Virtud y felicidad

Si el curso de las cosas está totalmente controlado por el Logos, no sirve de nada querer oponerse a él o lamentarse de él. La virtud consiste en vivir de acuerdo al orden racional del mundo, que es un orden natural. El sabio conoce el orden armónico del mundo y sabe vivir de acuerdo a él.

La felicidad para los estoicos es un estado interior del alma (coinciden con Sócrates en esto). Consiste en la autarquía, persona feliz no depende de cosas exteriores, y la apatía, no dejarse arrastrar por las pasiones, permanecer impasible, imperturbable. La persona virtuosa (justa, generosa, moderada, valiente, sabia, honesta, etc.), tiene el alma en paz y es por ello feliz.

Dos actitudes: desapego y aceptación

El sabio estoico debe cultivar una actitud de impasibilidad ante todo lo que pueda perturbar su calma interior. En castellano actual se dice que alguien “resiste estoicamente”, y quiere decir que es alguien que resiste imperturbable lo que sucede, por muy duro que sea. La tranquilidad de espíritu la comparan con una ciudad amurallada, que se protege de toda perturbación por un muro que impide que nada que suceda nos robe la paz interior. Para conseguir esa invulnerabilidad hay que desarrollar dos actitudes: el desapego frente a lo exterior y la aceptación de los golpes de la fortuna y las pruebas que nos hace pasar la vida. “No intentes que lo que te pasa suceda como tú quieres, sino que debes querer lo que te sucede tal y como viene, y vivirás días que pasan felices”.

Los estoicos proponen dos reglas de vida para lograr el desapego y la aceptación.

1) Ser indiferente a lo que no dependen de nosotros. Hay que concentrarse en lo que depende de nosotros y no molestarse con aquello que no depende de nosotros y que no podemos controlar.

No depende de nosotros la opinión y conducta de los demás, los padres, la posición social y económica, la vejez y la muerte, las necesidades y límites de nuestro cuerpo (su belleza o fealdad, salud o enfermedad). Todo esto debe sernos indiferente. Desde la perspectiva de un estoico, incluso un esclavo puede ser feliz, porque su felicidad depende sólo de su actitud interior, no de su posición social.

2) Lo que depende de nosotros son nuestros pensamientos. Lo que en realidad podemos controlar y debemos aprender a controlar son nuestros pensamientos y opiniones sobre las cosas.

Lo que perturba a los hombres no son las cosas -que nos suceden-, sino los juicios que hacemos sobre ellas”. Somos nosotros los que decidimos que la mala opinión de alguien sobre nosotros o nuestra posición social nos influya o no. Por tanto, la única persona que puede verdaderamente hacernos infelices y hacernos daño somos nosotros mismos.

Epicteto nos recuerda que a menudo adoptamos ese punto de vista desapegado, racional y sabio cuando intentamos ayudar a sobreponerse a alguien cercano. Le decimos “son cosas que pasan”, “ya lo superarás, no se acaba el mundo”, “se solucionará, ten confianza”. El consejo de Epicteto es: cuando tú mismo eres desgraciado, repítete las mismas frases que tú dirías a un ser muy querido que estuviera en tu lugar.

Una actitud de fondo

El estoicismo nos pide trazar una línea clara entre lo que depende de nosotros y lo que no. Pero al lanzarse a proyectos y al vivir en sociedad es difícil de reconocer dónde está esa línea. ¿Mi salud no depende en parte de mis hábitos de vida? ¿Mi situación económica no depende en parte de lo que hago? ¿Cuándo debo aceptar mi suerte y cuándo luchar?

Para el estoico debemos ocuparnos de los asuntos corrientes de nuestra vida, pero la actitud de fondo debe ser la de desapego e indiferencia. Todo lo que poseemos y a lo que estamos atados, empleo, familia, salud o riqueza, podemos perderlo en cualquier momento. Debemos cultivar una disposición de espíritu que nos permita aceptar la posible pérdida sin sentirnos tocados y destruidos en lo más profundo de nosotros mismos, sin perder esa confianza en la vida que es nuestra única garantía de felicidad.

Los filósofos estoicos han expresado esta idea en dos imágenes:

1. La primera es la idea de que todo lo que poseemos tan sólo nos ha sido prestado por la vida. La vida nos da y nos puede pedir de vuelta las cosas.

2. La segunda imagen es la comparación entre la vida y una obra de teatro. La vida es una obra de teatro de la que el autor es dios. Cada uno tiene un destino concreto que se corresponde con el papel en la obra. No decidimos el papel, pero sí tenemos la responsabilidad de interpretarlo lo mejor posible.

En suma, debemos vivir nuestra vida con implicación y responsabilidad, pero guardar un sereno desapego en relación a todo lo que puede suceder y que no depende de nosotros.

Los aspectos sociales y materiales de la existencia humana

La sociabilidad natural del ser humano

Es adecuado que el ser humano satisfaga su tendencia a vivir en sociedad, buscar amigos o querer fundar una familia (contra los epicúreos). Incluso ven importante procurar el bien común y la participación en política (de acuerdo a su concepción de cosmopolitismo: el ser humano como ciudadano del mundo). De hecho, Marco Aurelio fue emperador y Séneca, consejero del emperador.

La riqueza

Los estoicos tienen también una posición más moderada en relación a la riqueza que los epicúreos. Insisten en que la felicidad es el resultado de una actitud interior y minimizan la importancia de las condiciones de vida material. El estoico no considera imprescindible privarse de los bienes materiales sino vencer la dependencia que crean. Recordemos que Séneca y Marco Aurelio eran muy ricos.

El placer

El estoicismo no atribuye ninguna importancia al placer, lo que le aleja del epicureísmo. La tendencia primaria del ser humano no es buscar el placer, sino el instinto de conservación. El placer acompaña algunas acciones, pero no es el objetivo general de nuestras acciones. Comemos porque queremos sobrevivir, no por el placer que nos procura comer, que es algo secundario. El alma virtuosa es feliz, pero no busca el placer. La serenidad interior que le da la virtud es un estado estable, duradero y el placer es una satisfacción pasajera y superficial.

Os recomendamos algunos libros sobre este tema que están en la Biblioteca:

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