Diferentes posturas

El bien y el mal, de Victor Orsel

El bien y el mal, de Victor Orsel

La octava sesión del Taller de Pensamiento Filosófico Azucena nos trae una propuesta de temas formulados en preguntas en las que podemos observar posturas diferentes u opuestas:

  • ¿Los números se descubren o se inventan?
  • ¿El lenguaje es un espejo o es una lámpara?
  • ¿El juego es cosa de niños o nadie nunca es demasiado viejo para jugar?
  • ¿Somos básicamente buenos o básicamente malos?

Decidimos empezar por la última pregunta: «¿Somos básicamente buenos o malos?»

La primera intervención es de una participante que opina que somos básicamente buenos de nacimiento pero que luego nos va condicionando el medio, la educación, lo que vivimos, el entorno, y entonces ya eso puede cambiar. Pone como ejemplo los niños, que son buenísimos e incapaces de hacer daño. Esta afirmación da pie al debate, y que otros participantes consideran que precisamente los niños pueden ser muy crueles y egoístas, al estar aún sin educar o condicionar son más instintivos y ese instinto entre otras cosas puede incluir la maldad. Algunas personas comentan que el instinto es algo que estaría a parte de los conceptos de bueno y malo, que deberíamos intentar definir esos conceptos.

Portarse bien o mal iría más con ajustarse a las normas o no.

Ser bueno sería poner por encima de uno al otro, saltarse esa tendencia quizás natural de hacer por uno primero y hacer primero por el otro. Para hablar de bondad necesitamos un otro, tiene que haberlo. Pero en general hay que hacer un esfuerzo por reprimir nuestra parte egoísta, innata, superarla pensando en el otro.

A los niños tenemos que enseñarles a compartir, a pensar en el otro, y normalmente lo hacemos con un refuerzo positivo.

Ser malo quizá vendría a ser hacer el mal con conciencia, intencionadamente, conociendo las consecuencias. La capacidad o poder de decisión sería el que genera que sea bondad / maldad.

Una participante nos ofrece su punto de vista haciendo una interesante referencia a cierto paralelismo con la Pirámide de Maslow. Lo primero que queremos es cubrir las necesidades básicas, la supervivencia y la pertenencia a un grupo. Para poder ver el bien y el mal hay que estar en sociedad.

Otra participante señala que simplemente «somos», ni buenos ni malos. Luego ya cuando interpretamos se comienza a juzgar y con el juicio se clasifica ya el bien y el mal y se nos etiqueta como individuos.

En el S. XVII Jean-Jacques Rousseau decía que el hombre es bueno por naturaleza, que es la sociedad la que lo corrompe.

Un participante nos recuerda que el Homo Sapiens se impuso al Neandertal por ser más cooperativo, aun siendo menos fuerte. En la historia, la bondad ha favorecido la supervivencia del ser humano.

La bondad genera placer, pero desgraciadamente el mal para algunas personas, también.

David Hume proponía que el fundamento de la moralidad está en las emociones, en el sentimiento y la aceptación o el rechazo que nos provoca algo.

Azucena nos resume la la teoría de desarrollo moral de Lawrence Kohlberg, este discípulo de Piaget establece unos niveles en el desarrollo conforme reaccionamos o diferenciamos lo bueno y lo malo.

  • Por miedo (premio / castigo)
  • Por la sociedad (obediencia, por la Ley, porque lo hace el grupo etc)
  • Por acuerdos (a los que llegamos racionalmente, valores democráticos etc)
  • Habría otro nivel que sería el que es capaz de cuestionar si esos acuerdos son buenos o no, en base a principios universales. Si nos parece «universalmente válido» que algo sea así etc

Continuamos hablando del bien y del mal y llegamos a la propiedad privada (que para algunos ha corrompido todo y es la culpable de muchos de los males del mundo) y a Rousseau que hace el experimento mental de intentar imaginar cómo sería el ser humano si no hubiera sido corrompido por la propiedad privada etc

Hobbes nos dice que el ser humano es fundamentalmente egoísta y que es la sociedad la que vendría a poner ciertos límites para no acabar en una guerra de todos contra todos. Las leyes tendrían una misión, poner límites, porque si no la libertad de uno siempre va a llevar a no tener en cuenta al otro y a querer sobrepasar la libertad del otro.

Un participante habla del «mal necesario», cuánto mal es necesario en nuestras fronteras y límites para que nuestro centro esté seguro. El hecho de que nosotros vivamos bien tiene que ver con muchas maldades.

“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, alguien recuerda esta frase del romano Flavio Vegecio Renato (383-450).

Seguimos debatiendo, y van surgiendo nuevas preguntas:

  • ¿El poder es bueno o malo?
  • ¿La humanidad va a mejor o a peor?
  • ¿Cooperamos más o explotamos más?
  • ¿Está aumentando la bondad o la maldad?

La bondad es difícil reconocerla, uno mismo no suele considerarse «bueno», sin embargo cuando hacemos una mala acción siempre lo sabemos.

Quizá no se puede definir lo que es el bien pero sí criticar y denunciar el mal.

Para Kant  la bondad de una acción reside en la intención y no en las consecuencias. No es el contenido de la acción concreta y la felicidad o infelicidad que pueda provocar lo que se calificaría como «bueno», sino la forma universalizable que puede llegar a tener. Según él siempre podemos saber si una acción es mala, por ser contraria al deber, pero cuando actuamos bien nunca podríamos saber si la motivación última de nuestra acción es el respeto a la ley moral o alguna inclinación.

El Relativismo sostiene que el bien y el mal no son objetivos. Si dependen del individuo que emite el juicio, hablaríamos de relativismo subjetivista. Si el bien/mal dependen de la sociedad, se trata de relativismo cultural. El peligro del relativismo es la ley del más fuerte; donde todo es igualmente válido puede acabar imponiéndose la valoración del más fuerte (militarmente, económicamente, por influencia social etc)

El Objetivismo sostiene que los valores son universales, pueden ser descubiertos mediante el análisis racional y la valoración del bien/mal puede ser objetiva. El peligro del objetivismo es caer en el dogmatismo, donde no puede cuestionarse lo que se considera bueno y puede condenarse todo lo que se aleje de lo que se establezca como bueno.

Y con esto terminamos, al final nos centramos en una sola pregunta de las que nos trajo Azucena, pero como veis daba para mucho diálogo.

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