El espacio

El espacio parece que en estos días cobra una dimensión especial, el afuera inalcanzable, el adentro que se extiende, las paredes de las casas convertidas en refugio o prisión, el espacio de la mente generadora de esperanzas o temores, el espacio de la imaginación, el espacio de los libros, el espacio del sueño, el espacio de la soledad, el espacio que habitamos, universo, hogar, cuerpo, el espacio del horizonte y del paisaje ahora inaccesible.

El concepto filosófico del espacio en la historia de la filosofía ha variado enormemente según los pensadores y las escuelas que se han acercado a él y ha ido inevitablemente unido a los avances de la ciencia.

En la filosofía antigua el problema del espacio se discutía en la oposición de términos: lleno/vacío, ser/no ser, materia/espacio. Empédocles y Parménides defenderán la postura de negación del vacío, todo lo llena la materia. Otros filósofos como Demócrito o Epicuro entenderán el espacio como la configuración de materia y vacío.

Platón muestra su teoría acerca del espacio en su diálogo ” El Timeo”. Distingue tres géneros de ser:

-Las formas o ideas, las cosas sensibles y el género espacial; este último sería eterno e indestructible y es donde habitan las cosas creadas.

Aristóteles concibe el espacio como un lugar, previamente dado y que lo abarca todo, y que constituye el mundo en su totalidad. Él parte de una concepción biológica del universo (concibe el mundo como un gran organismo vivo), contraria a la concepción geométrica defendida por otros pensadores. Aristóteles define el lugar como algo carente de forma o materia. El filósofo griego diferenciará entre lugar común, lugar propio y lugar natural.

Durante la Edad Media la filosofía escolástica seguirá principalmente las ideas aristotélicas en cuanto al espacio. Cabe destacar la identificación que hacen del espacio con Dios y con la Luz. Un libro que recomiendo es “La medida del mundo: representación del espacio en la Edad Media” de Paul Zumthor. Y con respecto a la luz hay un libro maravilloso “Capturar la luz” de Arthur Zajonc que hace un recorrido por los diferentes intentos que se han realizado a lo largo de la historia y desde diferentes disciplinas por comprender el fenómeno de la luz.

A finales de la Edad Media Nicolás de Cusa rechazará la cosmología medieval y afirmará la infinitud del universo. Entramos en una época en que se deja atrás la idea del mundo como un todo finito y ordenado y se decantarán por la de un universo indefinido e infinito.

Con el Renacimiento y las teorías de Copérnico asistimos a un cambio total en la concepción del espacio, al despojar a la tierra de su centralidad. Además Copérnico rechaza la teoría aristotélica de que fuera del mundo no existe nada. Para el astrónomo el mundo es inmensurable. Giordano Bruno, el polifacético filósofo renacentista nos aportará una idea de universo infinito, descentralizado (respecto a la tierra, pero heliocéntrico) e infinitamente poblado y cambiante, su universo es un ser vivo y sería una manifestación o despliegue de Dios. Un poco más adelante Johannes Kepler rechazó la infinitud del universo, el astrónomo y matemático creía en un Dios geométrico, en el orden y la armonía de un universo finito y heliocéntrico. Y llegamos a Galileo Galilei que nos hablará de un espacio indeterminado, matematizado y descentralizado.

Con la Edad Moderna y el triunfo del Racionalismo entran en juego nuevas concepciones del espacio. Para Descartes el espacio y la materia son lo mismo, la espacialidad es extensión de la materia, es algo geometrizado y cobra gran importancia desde el punto de vista epistemológico. También proclama la impenetrabilidad del espacio y la inexistencia del vacío. El mundo para Descartes es indefinido y la noción de infinito la aplicará solamente a Dios. Leibniz considerará el espacio como un sistema de relaciones entre cosas existentes, traslada el espacio del ámbito de lo real al ámbito de lo posible. También el Empirismo, la otra gran corriente filosófica de la modernidad, se ocupó del tema del espacio. Destacamos la postura de George Berkeley, quien afirma que sólo hay una realidad, las ideas o percepciones. El ser de las cosas será su ser percibidas. El espacio para este físico sólo puede existir como una percepción sensorial. Toda realidad originaria reside en la sensación pero sería también necesario llevar a cabo un proceso de interpretación.

Con la entrada en la Ilustración llegamos a Isaac Newton quien hará una distinción entre el espacio absoluto y el espacio relativo (este último estaría contenido en el primero). El espacio absoluto permanecería cerrado a nuestro conocimiento sensible pero podría comprobarse de manera indirecta a través del movimiento. El movimiento es relativo pero el espacio no lo es y los objetos no son espaciales sino que se mueven en el espacio. Newton admite la existencia del vacío y la infinitud del espacio.

A finales del S. XVIII Immanuel Kant aportará importantes novedades a la idea filosófica del espacio.  El pensamiento de Kant supone un intento de aunar el racionalismo y el empirismo, añadiendo además originales aportaciones. Distingue dos facultades de conocimiento: el conocimiento sensible o sensibilidad, que es pasivo, y el conocimiento inteligible o entendimiento, que es activo. El espacio sería una forma a priori (independiente o anterior a la experiencia) de sensibilidad y junto con el tiempo formarían los dos principios formales de la sensibilidad. Al afirmar que espacio y tiempo son intuiciones, el filósofo alemán nos dice que no son conceptos del entendimiento. El espacio sería anterior a la percepción. Y nos lleva a la aparición de la imaginación y su importancia fundamental en el acto de percibir ya que será la encargada de sintetizar la variedad contenida en el espacio y completar la percepción. Para Kant el espacio es producto de la imaginación.

En la Edad Contemporánea se amplía el estudio del espacio desde múltiples perspectivas: físico-matemática, metafísica, estética, perceptiva, socio-cultural y genética. Voy a destacar sólo algunos aspectos porque el panorama del “espacio” en el S.XIX Y XX es amplísimo.

En el campo de la física los descubrimientos científicos cambian bastante la concepción del espacio, Albert Einstein será una de las figuras clave con la Teoría de la relatividad y la concepción de una nueva construcción simbólica “espacio-tiempo” como algo continuo. Einstein reduce el espacio a tres categorías: como lugar (parte o porción identificable con un nombre), como contenedor de todos los objetos materiales y como campo cuatridimensional.

En el campo de la metafísica destacarán las reflexiones de Edmund Husserl desde la fenomenología, y de Maurice Merleau-Ponty y Martin Heidegger desde el existencialismo. La fenomenología busca recuperar la originalidad del sujeto y acceder a los fenómenos para buscar su fundamento. Husserl nos descubre entre otras cosas la corporeización del espacio a través de nuestro cuerpo que se sitúa en el mundo vivido y la materialización del espacio mediante la interrelación de los objetos que creamos. El existencialismo tiene mucha relación con la fenomenología de Husserl y parte de un intento de liberarnos del pensamiento científico por la afirmación de la existencia un “yo” que establecerá una relación directa con el espacio en que vive.

Martin Heidegger parte de la espacialidad del ser humano, en su obra “Ser y tiempo” muestra varios aspectos de la espacialidad que él denomina “ser-en-el-mundo”. La manera en que el ser humano se encuentra en el espacio no está definida por el espacio cósmico que lo rodea sino por un espacio referido a él como sujeto. Un término que introduce el filósofo alemán es “espaciar”, es un dar espacio, abrir la posibilidad a lo libre, e implica una creación de lugares. En su obra “El arte y el espacio”  se relaciona este concepto de espaciar con la escultura, la obra plástica sería una materialización de lugares, de la verdad del ser en la obra. Otro texto de referencia de Heidegger en cuanto al tema del espacio es “Construir, habitar, pensar” , lectura clave para arquitectos y todos aquellos interesados en el espacio.

Maurice Merleau-Ponty hace un especial hincapié en el cuerpo que entiende como una constitución de extensión espacial mediante la que estamos introducidos en el espacio. El cuerpo como forma espacial ya no sería sujeto puro ni puro objeto sino que estaría suspendido entre ambos. Merleau-Ponty integra en su filosofía el término “habitar” que ya hemos visto en el artículo de Heidegger, y nos dice que el cuerpo no está en el espacio o el tiempo sino que “habita el espacio y el tiempo” generando una relación de intimidad. Una obra muy representativa del pensamiento del filósofo francés es la “Fenomenología de la percepción”. En el siguiente enlace podéis consultar un artículo publicado en Eikasia, Revista de Filosofía, “Merleau-Ponty: percepción, corporalidad y mundo.”

A lo largo del siglo XX seguirán surgiendo distintas teorías y enfoques sobre el tema del espacio desde distintas disciplinas; arquitectura, arte, psicología, geografía, sociología… Pero terminamos aquí el recorrido cronológico para pasar a comentar algunos autores y obras en concreto que he seleccionado porque dan una visión más mixtificada del espacio y también más personal y cercana.

A la hora de hablar del espacio desde un punto de vista literario el primer libro que recomiendo es “La poética del espacio” de Gastón Bachelard publicado en 1957. Este pequeño libro es una joya para el estudio del espacio desde múltiples perspectivas y cuenta con una expresión muy poética y psicoanalítica. Además de sumergirnos en el espacio de la casa, recorre otros espacios de intimidad como la concha, el nido, los cajones, armarios, rincones secretos, para terminar con un capítulo dedicado a la fenomenología de “lo redondo”. Esto último me lleva a otro libro recomendable, “Esferas” de Peter Sloterdijk. Ambos filósofos parten del cuerpo materno como el primer espacio que habitamos, de ahí la importancia de lo redondo, el vientre es el primer espacio de referencia que tenemos y es una unidad, ahí no hay adentro ni afuera.

Os sugerimos además:

Un libro que relaciona la influencia del espacio en la psicología es “Psicogeografía. La influencia de los lugares en la mente y en el corazón” de Colin Ellard. En este libro el neurocientífico cognitivo analiza distintos tipos de lugares que provocan sentimientos y emociones y reacciones en las personas. Aquí una reseña del libro.

Y en la línea del libro anterior va también “Topofilia” de Yi-Fu Tuan. En este libro se ofrece una reflexión más filosófica de la relación del ser humano con su entorno. El “amor al lugar” y lo que conlleva.

Otras referencias interesantes:

Y para terminar nos acercamos al espacio exterior, a la naturaleza, y al espacio de refugio o la cabaña, ya hablamos en el post anterior de “Walden” de Henry David Thoreau, ahora os recomiendo la obra “Cabañas para pensar”. “Este libro analiza una serie de ejemplos de arquitecturas íntimas y esenciales a través de un conjunto de fotografías, sus planos arquitectónicos correspondientes y documentación diversa, así como una selección de herbarios de cada uno de los lugares en los que están situadas las cabañas. Refugios de: Martin Heidegger, Gustav Mahler, Knut Hamsun, Ludwig Wittgenstein, August Strindberg, Edvard Grieg, Virginia Woolf, Dylan Thomas, T. E. Lawrence, George Bernard Shaw.” También es muy destacable la exposición que se realizó hace años en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia y en El círculo de Bellas Artes y otras salas de exposiciones. En el siguiente enlace viajamos con “Tres en la carretera” de R3 por “Cabañas para pensar”.

Por último, un libro que aborda la experiencia del paisaje desde la mirada de un arquitecto, “Ser paisaje” de Juan Miguel Hernández León, podéis leer una reseña aquí.

Esperamos que os haya resultado de interés este recorrido, habría muchísimo más que decir sobre el espacio pero esta es una pequeña contribución al tema. Os animo si queréis compartir vuestra experiencia o percepción sobre el espacio, en este blog tenéis un “espacio” de reflexión, comunicación y escritura.

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