Dilema moral

La octava sesión del Taller de Pensamiento filosófico nos enfrentamos a tres supuestos casos que nos harán poner en conflicto principios fundamentales y ante los que deberemos tomar una decisión. Azucena nos trae tres ejemplos de dilema moral, los casos en cuestión se extraen del libro “Justicia ¿hacemos lo que debemos?” de Michael J. Sandel (podéis encontrarlo en el fondo de la biblioteca).

El primer ejemplo nos sitúa en el lugar del conductor del tranvía, ante la obligación de decidir si continuar por la vía y arrollar a los cinco trabajadores o desviarse por la vía muerta y arrollar a uno los participantes mayoritariamente dicen que elegirían la segunda opción. En este caso estarían valorando el criterio de cantidad, es decir que ante la muerte inevitable sería lógico elegir que muriera el menor número de personas. Hay una minoría de participantes que no comparten este criterio, de hecho opinan que el valor de una persona es el mismo que el de cinco, y ante tal situación no podrían desviar el tranvía sino dejar que siguiera su curso. Surge el comentario de que en el caso de seguir por la vía quien mataría a los cinco trabajadores sería el tranvía mientras que si se desvía al apartadero quien mataría a esa persona sería el conductor. Dialogamos sobre la responsabilidad, sería más o menos responsable el conductor en un caso o en otro? Hablamos del destino y el determinismo.

Sale a relucir Hannah Arendt y su idea de “banalidad del mal” a raíz de la aportación de un participante que acaba de leer  Eichmann en Jerusalén. Para intentar ponerlo más difícil todavía Azucena pregunta si estarían tan seguros en su decisión basada en el criterio de “cantidad” si la persona que está sola en la vía fuera un familiar o alguien querido y por otra parte para los que no elegirían por cantidad sino por dejar al tranvía seguir su curso, si en lugar de haber 5 trabajadores hubiera cinco mil.

Pasamos al segundo texto que nos muestra otro dilema aunque en este caso hay mucha mayor unanimidad entre los participantes en cuanto a la decisión. En el caso de tener que empujar a una persona para evitar que mueran las otras cinco ven muy claro que sería un asesinato. Algunos diferencian la situación de la anterior en que en la primera el conductor tiene que hacer algo porque está metido en la acción al conducir el tren mientras que en el segundo caso el espectador no tiene por qué intervenir. Las personas que no contemplaban la opción del desvío de vía en el primer caso opinan que este segundo caso es igual al primero si el conductor se desviara.

Se introduce la diferencia entre homicidio y asesinato.

Abordamos en la sesión dos tipos de sistemas éticos distintos:

  • Kant diría que quiénes somos nosotros para disponer de la vida de otros, para elegir salvar a unos o condenar a otros. La ética deontológica o del deber, como la kantiana, sostiene que el valor moral de una acción no reside en conseguir aquello que nos proponemos sino en realizar aquella acción que es buena en sí misma, independientemente de sus resultados. Lo bueno sin restricción es la buena voluntad, que respeta la forma universal del imperativo categórico. La segunda formulación del imperativo categórico nos indica que debemos tratar a la humanidad siempre como un fin y no sólo como un mero medio.
  • El utilitarismo sería una corriente perteneciente a la ética de los fines, que entiende como buena aquella acción que nos permite conseguir el fin más deseable para el ser humano, en este caso la felicidad entendida como placer o bienestar de la mayoría. Los principales representantes de esta teoría filosófica fueron Jeremy Bentham y John Stuart Mill. 

Para el utilitarismo el bien sería el fin último que persiguen nuestras acciones, éste se relaciona con la felicidad que es igual al placer. El fin de la felicidad sería maximizar el placer y minimizar el dolor. Según Bentham  el cálculo de placer permite saber si una acción es buena dependiendo de las consecuencias positivas para el placer que ella conlleve. Seguiría esta ecuación:
Acción buena: placer que proporciona (a mi o a otros) – dolor que puede causar (a mi a o a los otros) = +/- placer.

Cuanto más positivo para el placer el resultado de ese cálculo más buena es la acción. Bentham realiza un cálculo sólo sobre la cantidad de placer. Pero es difícil cuantificar el dolor ¿puede medirse cuantitativamente el dolor por la pérdida de un ser querido? ¿podemos considerar todas las posibles consecuencias a largo plazo de una determinada acción?¿Se puede calcular la bondad de mi acción de acuerdo a las consecuencias? Analicemos desde esta perspectiva una película que presenta a un abogado que emprende una causa judicial por delito medioambiental y de salud pública contra una gran empresa: en el proceso pierde dinero, socios, su absoluta dedicación a este fin contribuye a deteriorar su matrimonio y acaba separándose…. finalmente pierde el juicio al que ha dedicado su tiempo, su dinero, su esfuerzo y dedicación… no consigue nada y sí pierde mucho… y sin embargo nuestro protagonista acaba la película diciendo que volvería a hacerlo. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo una persona que según dicho cálculo  obtenga un resultado negativo para el placer se empeñaría en considerarla buena y estaría dispuesto a repetirla?

Según John Stuart Mill hay que tener en cuenta no la cantidad sino la calidad del placer. Perseguir lo elevado, noble, lo justo, nos reporta el máximo placer, y esto a veces aunque objetivamente no consigamos nuestros propósitos o lo perdamos todo. El máximo placer para este autor consiste en promover el bienestar de los demás, el altruísmo.

Si bien desde una perspectiva que pretenda legislar es importante tener en cuenta las consecuencias que para la felicidad y el bienestar de la mayoría conlleva una determinada regulación democrática, es importante considerar algunas objeciones importantes como las que plantean estos supuestos casos: Supongamos que tenemos que elegir entre construir un nuevo estadio de fútbol o un hospital. ¿Deberíamos construir el estadio, en caso de que hubiera más seguidores del equipo de fútbol en cuestión que gente enferma? ¿Qué pasa con esos enfermos? ¿No estaríamos sacrificando su interés?

Muchas líneas de reflexión nos deja esta sesión. Para ahondar en estos temas os adjuntamos una bibliografía.

 

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