¡Pide un deseo!

La quinta sesión del Taller de Pensamiento Filosófico nos centramos en el deseo, un gran tema que dio pie a un grato diálogo y al que llegamos por medio de la lectura de unos textos que nos facilitó Azucena. Los fragmentos que leímos pertenecen a “Carta a Meneceo” de Epicuro, “Baudelaire” de J.P. Sartre y el último al filósofo francés Gilles Deleuze. El texto de Epicuro se centra en la diferencia entre los deseos naturales y vanos, necesarios y no necesarios y dentro de los necesarios, unos lo son para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo y otros para la vida misma. El texto de Sartre se centra en el tema de la insatisfacción, el hombre moderno nunca podrá satisfacer sus deseos. Y Deleuze nos muestra la dificultad de “desear”, no tanto de conseguir lo que se desea.

Después de la lectura de los fragmentos pasamos a la formulación de preguntas. Las preguntas que sugieren los participantes del taller son las siguientes:

  • ¿Cómo podemos valorar los deseos si son subjetivos?
  • ¿Nos beneficia a los seres humanos tener deseos?
  • ¿Es posible la evolución personal sin deseos?
  • ¿El deseo está vinculado a la época cultural en que se vive?
  • ¿La felicidad es la ausencia de deseos?
  • ¿Cuando alcanzas un deseo te frustras?
  • ¿Podemos vivir sin deseos?
  • ¿Se puede estar siempre insatisfecho?
  • ¿Los deseos son motores en nuestra vida, empujan a la acción?
  • ¿En qué se diferencia tener objetivos de tener deseos?
  • ¿Qué papel juega la imaginación en el deseo?
  • ¿Vivimos en una sociedad que nos manipula los deseos? ¿Está el deseo inducido por la sociedad?

Comenzamos intentando diferenciar entre deseo y objetivo y para ello definimos “deseo”. Hay quien opina que el deseo como motor nos sirve para evolucionar, mientras que otro participante cree que lo que distingue el deseo del objetivo es que el deseo es inalcanzable, sería un objetivo que no podemos cumplir mientras que el objetivo como tal sería una meta factible y que nos proponemos lograr y trabajamos para ello. Entre las posibles definiciones del deseo se comenta que es un “anhelo de algo”, “un objetivo que va ligado a una emoción”, “un pensamiento”, “algo que nace de uno mismo y que produce una satisfacción personal”.En este sentido el deseo sería intrínseco mientras el objetivo sería extrínseco. Muchos participantes coinciden en la importancia de la emoción asociada al deseo.

Si nos preguntáramos cada uno, como propone una compañera, “¿qué deseo yo?” quizá podríamos definir el deseo en base a lo que nos responderíamos cada uno. El título de este resumen es “pide un deseo” porque también en esas situaciones en que se enuncia esta frase, al ver una estrella fugaz o soplar la vela de cumpleaños, muchos tenemos dudas sobre qué es exactamente un deseo o qué tipo de “petición” puede ser lícita hacer dentro de ese ritual de “pedir un deseo”. De algún modo el hecho de que sea sólo un deseo lo hace algo muy especial, como si tuviéramos que pensarlo mucho y elegir el más importante de los deseos. ¿Podemos tener muchos deseos? ¿O los deseos se caracterizan por ser pocos y selectos?

Continuando con el desarrollo de la sesión, hablamos de la subjetividad de los deseos y que deseamos en función de nuestros valores; en la medida que tengo unos valores tengo unos deseos. Después pasamos a debatir la relación que existe entre los deseos y las necesidades. Alguien plantea que la necesidad sería lo básico y el deseo aquello que sobrepasa lo básico. Conectamos aquí en el pensamiento de Epicuro que divide los deseos en:

  • Naturales y necesarios: serían lo que podríamos llamar necesidades vitales; alimento, abrigo, afecto…
  • Naturales y no necesarios: son naturales pero deben tomarse con moderación, aquí hablaríamos de aspectos que no son imprescindibles para la supervivencia y que si deseamos en exceso pueden llevar a la frustración e insatisfacción; deseos pasionales, estéticos y lúdicos.
  • No naturales e innecesarios: son por ejemplo la fama, la riqueza, el poder, no son naturales porque son invenciones artificiales de la mente y la sociedad y además son deseos imposibles de saciar.

Continuamos haciéndonos preguntas; ¿es posible la ausencia de deseo? ¿La serenidad del alma sería la ausencia de deseos? Los participantes creen que es bueno desear pero no apegarse a los deseos, no ser obsesivos con los deseos, desear con paz y con desapego.

Los deseos que son muy comunes a la gente se acaban convirtiendo en necesidades.

Una compañera que planteó la pregunta sobre si existían los “malos deseos” explica que para ella el deseo va de la mano de sentimientos negativos ya que si existe el deseo es porque hay carencia de algo, cuando ya no existe la carencia ya no hay deseo.

¿De qué maneras podemos afrontar el fracaso y la frustración? Esta y otras cuestiones quedan en el aire por falta de tiempo.

Una de las últimas aportaciones de la sesión es la de un participante que nos dice: “la vida del deseo está en la colectividad, en la sociedad“, nos expone que para él los deseos no son algo tan “personal” y “único” sino que donde tienen cabida es en lo común.

A partir de esta última reflexión Azucena conecta el tema con las ideas de Deleuze que precisamente habla en el texto de la identidad como algo social, un constructo, no es tan íntima como pensamos. La teoría de Deleuze es que la vida que hay en cada uno es un grado de potencia, pero cuando asumimos una identidad estamos sujetando nuestra potencia, nuestra posibilidad de vida, a los deseos e ideas propios de esa identidad. Para Deleuze las identidades son mayoritarias, “hombre”, “occidental”, etc De este modo asumimos deseos que no nacen de nosotros sino de las identidades mantenidas.

Terminamos la sesión pero nos quedamos con ganas de dialogar mucho más.

Personalmente me doy cuenta de que hemos enfocado el tema del deseo centrado en una de las variantes del término, y casi siempre lo hemos utilizado en plural, los deseos, los anhelos, aquello que desearíamos tener o que desearíamos que ocurriera, esa meta que nos hace soñar y que nos sirve de motor o ese deseo de conseguir algo ligado a la felicidad o la serenidad. Sin embargo hemos dejado de lado la acepción del deseo relacionada con la pasión y con el placer, la más pulsional quizá, ahí también hay mucho que debatir y tanto desde la filosofía como desde la psicología también se ha escrito mucho sobre el deseo en este sentido.

Os adjunto algunos artículos que pueden ampliarnos la visión de lo que ya hemos comentado sobre el deseo:

Del deseo como lugar del sujeto. Gonzalo Hernández Sanjorge. Revista de filosofía A Parte Rei

Pasiones, pulsiones y deseo. Luz Stella Alzate. Revista Nómada

Deseo y razón en Aristóteles. Jaume Mascaró Pons

Y una breve bibliografía

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s