El azar y el destino

En la tercera sesión del Taller de Pensamiento Filosófico comenzamos leyendo un fragmento de la obra “El azar y la necesidad” de Jacques Monod. El texto reflexiona sobre la noción de azar y las diferentes variantes del mismo, la “incertidumbre operacional” y la “incertidumbre esencial”. Después de leerlo en alto y de unos minutos de lectura silenciosa, pasamos al turno de formular preguntas que nos había suscitado el texto. Las cuestiones que lanzaron los participantes fueron:

  • ¿El destino es azar?
  • ¿Existe el azar o el fruto de unas circunstancias que decidimos no ver o no controlar?
  • ¿Por qué está este país (y el mundo) hoy en día de esta manera?
  • ¿Es todo riesgo previsible? ¿Toda avería es previsible?
  • ¿Hasta qué punto la incertidumbre condiciona el comportamiento del ser humano?
  • ¿Nacemos ya determinados?
  • ¿Somos libres o estamos determinados?

Decidimos comenzar por la pregunta “¿El destino es azar? y por definir el concepto de “destino”. La mayoría de participantes entiende éste como “el futuro”, lo que está por llegar, el lugar al que nos dirigimos de algún modo, el punto de llegada. “El azar” sería aquello que no es previsible, que no se puede controlar. Sin embargo el destino en cierta manera estaría en nuestra mano, cada elección que hacemos influye en la siguiente y vamos labrando nuestro destino. Otra concepción de destino sería la que lo entiende como una predestinación, como algo que está ya elegido y que guía nuestros pasos hacia un sino.

Ante la pregunta de si somos libres o estamos determinados dialogamos sobre la libertad y casi todos los participantes coinciden en que hay elementos, como por ejemplo el lugar de nacimiento, familia, entorno, que sí condicionan y determinan a los individuos. Azucena nos habla de dos filósofos que trataron el tema de la libertad: Baruch Spinoza e Immanuel Kant. Para Spinoza la libertad consiste en conocer las causas que nos determinan, que nos condicionan, y ese conocimiento de las causas es el que nos hace libres. Kant presenta la categoría de causa aplicada tanto a la naturaleza como a los motivos que determinan la acción humana. La espontaneidad de la libertad puede cambiar cursos de acción e inagurar otros. De ese modo la libertad es también desencadenante de series causales. Este filósofo distingue así entre Leyes de la Naturaleza (del fenómeno sujeto a las condiciones matemáticas del espacio y el tiempo) y Leyes de la Libertad, que actúan como causas de la acción humana en el ámbito nouménico o suprasensible. Para Kant la ley moral es una Ley de la causalidad por libertad. Enlazamos con el tema de la moralidad, nos preguntamos si la moralidad es inmune a la suerte. Reflexionamos sobre ésto con ejemplo de dos personas que han bebido alcohol superando los límites establecidos, ambas cogen el coche pero les suceden cosas muy diferentes. Uno de los sujetos llega a casa sin problema, sin embargo el otro tiene un accidente porque se cruza alguien alocadamente y sin mirar por delante de su coche y lo atropella. En ambos casos legalmente superaban la tasa de alcohol pero el que llegó a casa no sufrirá ninguna consecuencia mientras que el que atropelló al peatón irá a la cárcel. ¿Podemos hablar de buena y mala suerte en temas morales? Una y otra persona han hecho algo malo, pero una de ellas irá a la cárcel ya que por azar alguien se cruzó en su camino de manera imprudente.

Continuando con el tema de la suerte, Azucena nos comenta cómo se creía que se distribuía la suerte en la época de los antiguos griegos; los dioses repartían la buena o mala suerte por azar, lanzando unos toneles. La diosa griega de la suerte y el destino, Tyché, podía decidir la suerte de cualquier mortal y lo hacía de una forma aleatoria, con su ayudante, el dios Pluto. También Azucena nos aporta para reflexionar el punto de vista de los Estoicos en relación con el destino y la libertad. El estocicismo y en concreto Epicteto, piensa que las cosas son de dos tipos, las que dependen de nosotros y las que no. Si nos apoyamos en las cosas que sí dependen de nosotros encontraremos más fácilmente la felicidad y nos sentiremos libres, sin embargo si depositamos nuestra ilusión en aquello que no depende de nosotros nos frustraremos inevitablemente. Podemos encontrar la felicidad y la libertad si nos apoyamos en la razón y la virtud. En cuanto al destino y el azar, los estoicos tenían una visión determinista del mundo donde nada azaroso puede acontecer: todo está gobernado por una ley racional que es inmanente y necesaria; el destino no es más que la estricta cadena de los acontecimientos (causas) ligados entre sí, el azar no existe; es el simple desconocimiento causal de los acontecimientos. No creían en la casualidad, sino en la causalidad. Todos los sucesos de nuestra existencia están regidos por la “ley de la causa y el efecto” y recogemos lo que sembramos.

Finalmente repasamos entre todos las ideas comentadas y surgen algunos cambios de opinión en algunas personas sobre lo que habían expresado inicialmente. Surge la idea de destino como algo más parecido tal vez a la providencia, algo que está fijado desde antes, desde un pasado, más bien un punto de partida y no tanto una meta o un punto al que llegar.

Aunque no lo tratamos durante la sesión, Nietzsche también tenía muy en cuenta el tema del destino, la suerte y el azar, el “amor fati” (amor al destino) aparece en distintos momentos en las obras del filósofo alemán. Os adjunto un artículo que indaga un poco más en este asunto.

Hay muchas películas que tratan el tema del azar y el destino, algunas desde una perspectiva científica o matemática y otras desde un punto de vista más filosófico. Os vamos a recomendar algunas de estas últimas:

Muy pronto elaboraremos una bibliografía sobre este apasionante tema.

 

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2 comentarios en “El azar y el destino

  1. Angel Gómez Ruiz

    Es realmente complicado muchas veces distinguir la causalidad de la casualidad. Incluso cuando hablamos de lo que vulgarmente llamamos”suerte” sea buena o mala, siempre hay un factor crítico que es la búsqueda de la misma. ¿Significa esto que cuanto más se busca esa suerte, mayor causalidad se produce? ¿Es esta casualidad positiva o negativa?. El caso más claro sería el ser agraciado con el premio de la lotería, si no se compra el billete sería imposible que te fuera a tocar (causalidad), y no se podría buscar esa casualidad positiva.
    Otro ejemplo es la búsqueda metódica de la buena suerte. Hay muchos libros de autoayuda que hablan de ello, la idea es que la suerte hay que buscarla si quieres tener muchas más probabilidades de encontrarla.
    La mayor expresión que conozco alrededor de esta idea es el método llamado “el secreto” que apoya la idea de que utilizando el positivismo extremo más la aplicación de un deseo enorme, se conseguirán todas las metas que te hayas propuesto a través de lo que llaman la Ley de la Atracción Universal. ¿Es de nuevo una causalidad lo que te lleva a conseguir tus metas?. ¿Donde se queda entonces la casualidad en este método?.
    Estas reflexiones nos llevan rápidamente a hablar de ese destino que para mí es la consecución de metas, da igual si son metas personales, de grupo, de ciudadanos, de habitantes del mundo…. Solo quiero que tengamos en cuenta que en las metas el factor tiempo vuelve a ser básico. Mi opinión es que los factores asociados a la casualidad influyen en tu camino hacia tus metas de una forma directamente proporcional al tiempo máximo que te has dado para conseguirlas, tanto en factores que te ayudan como aquellos que te van a impedir conseguirlas. ¿Es más fuerte la causalidad o la casualidad para ayudarte a llegar a las metas de medio y largo plazo?. Nuevamente creo personalmente que tienes que intentar controlar la causalidad con tu esfuerzo y estrategia a medio y largo plazo, y estar preparado para gestionar las casualidades que te vas a encontrar en el camino tanto para adelantar la consecución de la meta como para evitarlo.
    Al menos es esta mi experiencia personal y la que proviene de la observación de mi entorno presente y pasado.

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