Cuestión inaugural

Resulta un duro cometido el de intentar definir de manera adecuada la filosofía pues, dentro de este concepto, se agrupan numerosas significaciones que, aunque válidas en su mayoría, pueden arrojar más problemas de los solucionados. Es decir, quizás la primera tarea de la propia filosofía se encuentre en concretar lo que supone su campo de estudio puesto que, al contrario de lo que acaece con las ciencias particulares, lo vasto del terreno que intenta desbrozar hace que se haga complejo el acotarlo. Pues en mi opinión, y en la de muchos pensadores, la filosofía aspira a la totalidad.

Esto último que suena un tanto desmesurado y grandilocuente se puede explicar de manera más clara para que no se me considere pretencioso; la filosofía, desde mi punto de vista, supone la base de toda consideración humana a nivel intelectivo pues no se apoya en otra cosa que no sea el uso de la racionalidad. En otras palabras, el quehacer filosófico tiene como única herramienta la capacidad reflexiva propia del hombre y, en este sentido, la mayoría de las actividades que nos delimitan como seres vivos se encuentran en la órbita de la razón. Es así que, aunque se sea escéptico en relación a las posibilidades de la disciplina, se cae en la misma cuando se la critica (se trataría de una suerte de metafilosofía).

Con todo, la posible circunscripción de la filosofía a la totalidad resultaría compleja pues, más que aclarar, dejaría la situación de la misma manera que cuando se abordó esta cuestión inaugural. De todas formas, y aunque sea en un sentido laxo, se ha avanzado al afirmar que la filosofía supone la capacidad intelectiva previa que se esconde detrás de las actividades más características del ser humano. Yendo un poco más allá, e intentando dotar a la especialidad de mayor empaque y carácter propio, se puede argüir que esta disciplina presume un intento por responder a las cuestiones que preocupan a la humanidad. Así, algunas de las mismas necesitan de la filosofía como tarea previa para con posterioridad trabajar en base a la experiencia; es decir, precisamente lo que hace la epistemología en el momento de demarcar el terreno científico. Y, a consecuencia de esta labor, se logra un resultado pragmático que redunda en la comprensión (siguiendo nuestras propias reglas) del entorno y en la creación de comodidades técnicas (por supuesto ocasionan nuevas incógnitas) que mejoran nuestro modo de vida. De esta forma, y a sabiendas de lo que oculta en su base la ciencia, esta rama del pensamiento puede alejarse un momento de esta reflexión para aclarar el asunto. En consecuencia, quedarían otras problemáticas que no pueden ser resueltas, como decía Isaiah Berlin, ni con la observación ni mediante el cálculo. Este terreno ignoto al que no se puede acceder por los cauces habituales considero que es con el que se identifica la filosofía de manera más contundente.

Precisamente, los interrogantes que más acucian al ser humano son aquellos con mayor nivel de abstracción y que se resisten, por su condición etérea y en ocasiones ininteligibilidad, a la comprobación empírica. El campo de los valores, de la política, de la sociedad y, en un sentido general, lo que cae dentro de la conciencia individual es lo que puede caracterizarse como lo idiosincrásico de la tarea del filósofo. Y es debido a su generalidad y universalidad por lo que esta faena racional puede suponerse como al alcance de cualquiera pues, más allá de la propedéutica metodológica para el asalto a la totalidad, es posible embarcarse en esta persecución por los medios que nos son propios; en otras palabras, cualquiera puede hacer uso de la racionalidad y ponerla al servicio de las cuestiones consideradas como fundamentales.

En definitiva, en esta breve aproximación a lo que puede suponer la filosofía queda de relieve que se trata de algo propio del hombre, que puede ser cultivada por cualquiera y que el único requisito para hacer una empresa viva de esta especialidad es poner en claro nuestras reflexiones mediante el diálogo y la discusión; además de hacer un acercamiento a otros puntos de vista mediante el contacto con textos representativos de la historia del pensamiento que, de manera evidente, siempre ayudan a clarificar nuestras propias posiciones.

Queda de relieve, a tenor de lo expresado, el objeto del presente Taller de Pensamiento Filosófico: el acercar esta disciplina a todos los participantes así como hacer filosofía viva mediante la reflexión y el diálogo.

Ignacio Valdés

Coordinador del Taller de Pensamiento Filosófico

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